Una cosa está clara. 

 

En los negocios y en la vida. 

 

Cuando nacemos, dependemos de un cuidado continuo de nuestros mayores. 

 

Somos muy frágiles. 

 

Hasta aquí, todos conformes. 

 

 

Y a medida que nos desarrollamos, vamos adquiriendo habilidades que nos hacen menos frágiles. 

 

Según van creciendo nuestros hijos debemos introducir elementos para que sean cada vez menos frágiles. 

 

Si no haces eso, puede que estés fallando.

 

 

Pero no puedes soltarlo solo en medio del bosque. 

 

Antes de hacerlo debe saber en lo más profundo de su ser, que le quieres. Y que si le pasa algo, tú estarás ahí, para protegerlo en la medida de lo posible y con todas tus fuerzas. 

 

De esta forma los pequeños se van volviendo anti frágiles. 

 

 

Si lo trasladas a los negocios casi todo el mundo monta negocios frágiles. 

Y en vez de hacerlos fuertes, los hace más frágiles con el tiempo. 


Y eso se debe principalmente a la enorme dependencia de elementos que ellos jamás podrán controlar. 

Hacer un negocio antifrágil fue mi obsesión desde que empecé en todo esto. 

Y de lo que no me cabe ninguna duda, es de que un negocio debe ser antifragil. 

Como la autoestima de toda persona. 



Esto significa que usted y su negocio se vuelven más fuertes a través de la adversidad, los errores, los factores estresantes y los desafíos que se le presentan. 

 

 

Significa que tiene la agilidad, la adaptabilidad y la voluntad de experimentar que le permite convertir los obstáculos en oportunidades de crecimiento. 

 

 

Solo tienes dos opciones: quedarte quieto y esperar a que la tormenta se avecine o aprovechar la dificultad y hacer que los desafíos trabajaran a su favor. 

 

 

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